Retrato de un alcornoque
Se exponen 21 pinturas, todos de un mismo árbol: Vistas generales, detalles, en circunstancias de luz distintas ...
Las técnicas aplicadas son variadas y mezcladas: Acuarela, Guache, Acrílica, Tinta china, Café con leche, Carboncillo, Lápiz ...
Se presenta también un cuaderno con el mismo título.
Es de 40 páginas, 21x21 cm, impreso a todo color.
Además de las reproducciones de los 21 cuadros, contiene fotografías del mismo árbol y un texto que acompaña a este material gráfico. Menciona el hallazgo del aquí presentado árbol, la vivencia subjetiva del autor con “su” alcornoque, aporta algunos datos sobre su especie y describe la luchadora soledad de este ser vivo.
El concepto del aquí presentado trabajo puede sorprender:
Un monográfico sobre un solo objeto, fruto de un trabajo de un año.
Un alcornoque es para el público local un ser tan acostumbrado y corriente.
La diversidad de su interpretación gráfica enseña caminos distintos de convivencia receptiva con el entorno natural.
La particular apariencia del aquí presentado alcornoque deja sentir al forastero la rudeza y singular belleza de lo que vive y sobrevive en estas tierras.
También, en general, puede cualquiera disfrutar de los resultados que da una dedicación artística a un único objeto.
Hans Leuenberger, Octubre 2004
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Alcornoque, retrato de un árbol
Por: Hans Leuenberger
Nos refugiábamos debajo de él, consternados por la furia de los campesinos que no toleraban la recogida ni de un solo castaño-erizo del suelo. Era un árbol cualquiera, menos castaño. Aquí nuestra presencia no molestaba, y menos aún a este alcornoque que extendía sus ramas por encima nuestra. Protegía, consolaba y calmaba.
Luego descubrimos la tremenda estructura de aquél ser vivo: Brazos más fuertes que el propio tronco, de una docena de metros de crecimiento horizontal. Ningún árbol de su familia a su alrededor: Solitario amigo callado a pocos metros de la carretera Igualeja – Pujerra. Pasando el tiempo nos dimos cuenta de su anárquica fuerza. Su tronco parece ser un cuerpo, un torso desnudo con brazos de tremenda pujanza.
Penetra la luz entre ramas y hojas. Manchas de sol reavivan la carne de sus miembros pelados, y hacen brillar millones de hojas verdes, grises y plateadas .
Sus brazos empujan hacia arriba, vuelven a torcerse hacia abajo, siempre en dirección centrífuga desde el tronco. Las ramas jóvenes crecen hacia el sol, como parvulitos jugando con la luz. Es un ser muy mediterráneo. Su madre-vida es el terreno seco, rocoso. Aquí el sol puede ser brutal, y las lluvias no tienen piedad tampoco. Luz y aguas vehementes, destructoras. Luz de blanco y negro, aguas de matar y fecundar.
Nos dicen que sus temperaturas preferidas oscilan entre 0 y 40 grados.
Y que lo trabajan en la cuenca mediterránea van ya unos 8000 años.
Y que su corcho vale hasta para irse al espacio.
Y dicen que ya los fenicios cerraban sus ánforas con corcho. Pero a nuestro alcornoque, quercus suber, como lo definen, todos estos meritos le dan igual. Convive orgulloso con clima, tierra, fuego y riadas. Y con aquellos humanos y sus historias.
No se perturba cuando le arrancan su piel. El hombre lo hace cada 9 años para su negocio de sombrío futuro: Este año, el magnate corchero vecino comprará tan sólo poco más de la mitad de lo que se vendió el año pasado. Muchos jornales perdidos ...
Lo podan, lo mutilan, y él se deja hacer. Luego sus heridas cicatrizan y él, callado, sigue su majestuoso crecer de alcornoque indomable. Él no cuenta los tiempos, los tiempos lo diseñan a él.
Así vive nuestro árbol su vida en la cuneta de la carretera Igualeja – Pujerra. No nos contará lo que ha visto durante sus años. Mudo se levanta contra la luz, surgido del terreno hostil.
Es un alcornoque: Jamás vencido, pero nunca vencedor.
Ronda, otoño 2004.
Hans Leuenberger
Plaza de la Oscuridad, 14
29400 Ronda
Teléfono: 952-872276 Movil: 615-594913
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