Enero de 2004


Comentarios a las tertulias de poesía



 

Comentario a las tertulias de poesía, a las que yo fui

por: Joaquín Ferrá Mojica ( La Línea de la Concepción)


Querido amigo Dublín:
Te escribo desde el Paraíso, y no es broma. Te escribo desde Ronda, donde el olor de azahar se entremezcla con los colores más hermosos. Donde el cielo es tan azul que se ve amado y bañado por los rubios rayos de un sol que adora los tintes de la hermosura. Te escribo desde una ciudad que se eterniza hacia el cielo, en contacto directo con Dios, recibiendo las bendiciones Divinas por destino y merecimiento. Te escribo desde un lugar en el que se respira cierto aroma a libertad que despierta las envidias de capitales de provincias, donde se huele paz y gracia, donde se saborea una flor del mismo modo que una sonrisa sincera, donde se ve y se palpa el dulce reflejo del aullido de ríos de cultura, un lugar en el que, si te detienes un instante, dispuesto a saborear los influjos mágicos de la noche, escuchas con claridad al silencio, estampándote un beso cómplice y solicitándote para goces y sueños. Te lo garantizo, amigo, en este sitio no es posible no ser feliz.
Pues bien, deja que te cuente, que el asunto incluso puede mejorar. Resulta que he tenido el lujo de asistir a un par de tertulias poéticas organizadas por el Colectivo Cultural “Giner de los Ríos”, en el “Hotel Goyesca”, que tienen lugar todos los últimos jueves de cada mes, y me he contagiado de un elevado aprecio por la vida que me resulta difícil de explicar: En la tibieza de un escenario incomparable, tocado por la intimidad propia de los versos, le acaricia a uno en los oídos la incomparable voz de un trovador insigne, como quizá no exista otro en el mundo entero; se inicia la tonada de rimas que abruman los sentidos inundándolos de armonía, como en una terapia de seducciones y calmados besos que alimentan el ansia de las almas; se te olvidan preocupaciones banales, deudas pagadas o por pagar, disgustos e irritaciones y, en ese momento, nada de eso importa ya… sólo se te apetece conocer “lo que se esconde”. El corazón se desorbita y le roe la amargura de un desengaño, de un amor incompleto, de un cariño fraguado entre miradas y sonrisas soslayadas, quizá. La razón se hace torpe y trastornada, como ocurre normalmente cuando uno se enamora. La memoria se vuelve sorda y ciega, tal y como debería ocurrir siempre, restando importancia a pasado y futuro y azuzando las llamas del presente. Añoras, lejanamente las estremecidas manos que buscan las tuyas, entre el gentío que os rodea, y las fuertes cadenas anudadas al cuello de esos brazos que te atraparon tras un guiño de la fortuna, y los fríos de cuchillo en la cintura, al aproximarse un abandono, un rechazo definitivo, un adiós momentáneo, también. Y evocas las promesas de amor eterno hechas en la noche clara, el eco de besos que hacen del corazón una paloma con derecho a soñar y… para colmo, esa hondura en su mirada, ese reflejo de la luna en sus pupilas, ese brillo de nácar en su sonrisa… y descubres que estás enamorado… todavía.
Todo eso se siente, te lo aseguro. Todo ese misterio rodea cada noche de tertulia poética en el “Goyesca”, miles de secretos desgranados aquí, en el Paraíso, donde ángeles se recrean en rimas sonoras… y Dios es testigo.
Confío en que estés bien de salud para poder verte pronto aparecer por aquí, te espero ansioso, porque sé que tú disfrutas de delicadezas como las que te cuento… si quieres sorprenderte enamorado de la vida no te lo pierdas, déjate caer en la tentación. Sin más, recibe un afectuoso abrazo de este que sabes que te quiere.

 

 







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